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FIACA

La fiaca: un drama de hoy

La fiaca: un drama de hoy

No puedo imaginar a Jesús diciendo: "Tengo fiaca." Si puedo imaginar que dice: "no tengo ganas, o no doy más, o estoy cansado", que no es lo mismo. La fiaca acorrala a muchos adolescentes -y no tanto- de hoy. ¿Qué es la fiaca? ¿No es, tal vez, un espacio de superficialidad en muchos casos? Tener fiaca ¿la tengo o me tiene ella a mí? Cuando se le pregunta a un joven "¿Por qué no rezás, por qué no lees la Palabra?" es común escuchar como respuesta: "Me da fiaca."

Cuando la vida pierde cierto sentido/profundidad, va ganando chatura, ya no vale la pena, no hay un sentido fuerte. Puede parecer un término lingüístico sin importancia, quizás, pero en muchos casos expresa algo hondo. Es como el chico que tiene todos los juguetes, pero ninguno le sacia. Hace un tiempo una chica de 12 años me decía: "No sé que hacer, estoy aburrida, porque no vienen los del service del servicio de banda ancha." 12 años y dependiente de internet para estar entre-tenida (tenida entre dos
cosas).
Es grave que precisemos ciertas cosas materiales (de cuarta necesidad, y no de primera) para poder subsistir. Esto va unido a que cada vez cuesta más a los jóvenes de hoy (a nosotros) emprender empresas difíciles y se quedan a medio camino (basta ver cuantos finales "se cuelgan" a nuestro alrededor). Es común que el mejor aliado en los tiempos fiacosos sea la televisión, uno de los mejores inventos para que el hombre se olvide del hombre, y se entregue a 100 canales. El zapping es el mejor ejercicio del hombre con fiaca, junto al chat que es el paladín de los vuelos internacionales del corazón (es decir, los vuelos que no van al interior).
Aquel hombre que tiene fiaca seguido, pareciera que algo del sentido que la vida tiene se le está escapando o le está faltando. Si la realidad muchas veces no nos dice nada, si faltan motivaciones profundas es interesante ver por qué. Si chateamos más de lo necesario, si pasamos un tiempo importante del día frente a la televisión sin ver nada en especial quizás sea bueno preguntarse: ¿Qué estoy buscando con este chat? ¿Por qué "necesito conectarme" sin esperar encontrar a alguien en especial? En definitiva la pregunta llegará -si nos animamos a hacerla con hondura- a ponernos delante del corazón, y preguntarle:

¿Dónde estás?
¿A qué / quién te estás agarrando?
¿Qué estás buscando?
¿Qué anhelás?
Hermanos: Jesús nos invita a ser libres, y si eso no toca y cambia de a poco nuestros hábitos cotidianos, creemos en una teoría abstracta y no en una persona que vino a desatar nuestras pequeñas mentiras* de cada día.

*deseos que se sacian con menos de lo que en verdad desean.

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